¿Tendremos cambio de hora?

¿Tendremos cambio de hora?

2018-09-01T12:09:35+00:00 1 septiembre, 2018|Actualidad, Noticias|

Es noticia y así lo reflejan todos los medios de comunicación. En su edición digital, El País indica que  Comisión Europea pasa a la acción tras años de debate en las calles sobre el ritual de atrasar y adelantar los relojes dos veces al año. Bruselas ha informado este viernes de que propondrá la supresión del cambio de hora en el conjunto de la UE. El gesto atiende la demanda de la abrumadora mayoría favorable a su eliminación: un 84% de los votantes en la encuesta realizada por el Ejecutivo comunitario a través de Internet entre comienzos de julio y mediados de agosto se ha mostrado partidaria de contar con un horario fijo. Las leyes actuales obligan a los Veintiocho a adelantar una hora los relojes el último domingo de marzo y retrasarla el último domingo de octubre. En su lugar, la Comisión planteará a los Estados miembros mantener el mismo horario todo el año. Solo en dos países, Chipre y Grecia, ha vencido la opción de seguir con el cambio de hora, aunque ello no implica que queden fuera de la reforma.

El horario de verano, que se impuso de manera definitiva en muchos países europeos en respuesta a la primera crisis del petróleo de 1973, no sigue pareciendo una medida tan necesaria como entonces. La misma Comisión Europea reconocía en el texto con el cual anunciaba la consulta pública sobre el cambio horario —cuyo resultado revelaban hace dos días que una gran mayoría de los participantes quiere mantener el horario invariable durante todo el año— que, en general, los ahorros energéticos propiciados por esta práctica son “marginales”.

Dos veces al año, desde hace cuatro décadas, los ciudadanos europeos adelantan y atrasan una hora las agujas de sus relojes todos a la vez. Una práctica obligatoria desde 1981, que tiene sus orígenes a principios del siglo pasado, y justificada en gran medida por razones económicas: el ahorro energético brindado por la mayor disponibilidad de luz natural durante el verano permitiría reducir el gasto en iluminación y así traer beneficio a las arcas públicas y al bolsillo de los privados. Los tiempos, sin embargo, han cambiado, y cada vez hay más dudas sobre si este doble jet lag forzoso sea de verdad una necesidad o tan solo una costumbre difícil de abandonar.

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